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Amós

TABLA CRONOLÓGICA
Fecha a. C. Israel Judá Griegos Romanos
c. 786-746 Jeroboam II Uzías I Juegos Olímpicos Fundación de Roma (753)

El profeta Amós (Gustave Doré)Amós fue contemporáneo de Jonás y de Oseas, pues profetizó en tiempo de Jeroboam (1:1). Se ganaba la vida como pastor de bueyes y cogiendo higos (7:14). Aunque Amós era del reino de Judá, de Tecoa, fue enviado a profetizar al reino del norte, lo cual le supuso un enorme impedimento por las sospechas de parcialidad que despertaba su nacionalidad (7:12).

Su mensaje es muy estimado actualmente en los círculos con sensibilidad hacia los débiles y desprotegidos, donde se considera a Amós un "profeta social". Sin embargo, al tener en cuenta todo su mensaje, no una parte del mismo, se descubre que el interés de Amós no sólo está centrado en la relación con el prójimo sino también en la relación con Dios. Los pecados verticales son tan graves como los horizontales. Subrayar unos a expensas de otros es falsificar el mensaje de Amós.

El libo se abre con una serie de palabras contra las naciones vecinas (1:3-2:3); palabras cuyas severas sentencias están todas fundamentadas en los pecados de esas naciones. Ni siquiera el reino de Judá, el reino donde está la legitimidad dinástica de David y el templo, se libra de la misma severidad (2:4-5).

Aparentemente había señales en el reino de las diez tribus para felicitarse por lo que estaba ocurriendo, pues las fronteras septentrionales, que habían quedado reducidas por la continuada presión de los sirios, recuperaron los antiguos límites del tiempo de David y Salomón (2 Reyes 14:25,28). Sin embargo, Amós no comparte el entusiasmo general por esta grandeza, pues ve más allá de la superficie.

Como certero analista saca a luz los pecados de aquella sociedad (2:6-12; 5:12; 6:4-6). Una sociedad que no es atea, es religiosa, pero con una religión que simplemente es una tapadera (4:4-5) que les sirve de justificación. Hay sacudidas que Dios está mandándoles para sacarles del estado de complacencia en el que han caído (4:6-11).

Pero Amós no sólo diagnostica, también muestra la solución a la nación: La búsqueda de Dios (5:4-9). Es una solución simple, única, con fundamento y misericordiosa. Sin embargo, la respuesta a este ofrecimiento será el rechazo y el endurecimiento (7:10-13), de ahí la figura de la fruta de verano (8:1-2) que anuncia el fin, descrito en el resto del capítulo 8 y en la primera parte del 9. Pero tras este derrumbe de la nación el libro termina con una palabra de salvación (9:11-15).

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