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Abdías

AbdíasSe trata del libro más breve del Antiguo Testamento y aparte del nombre del autor nada más sabemos de él. Tampoco la fecha en la que fue compuesto, aunque por las indicaciones que presenta acerca de la caída de Jerusalén (11-16) se puede suponer que fue compuesto tras la toma de la ciudad en el año 587 a. C. por los caldeos.

El libro es un oráculo contra Edom, cuya tierra también se conoce como Seir (Génesis 32:3; 36:20–21, 30; Números 24:18). Estaba localizada al sur y el este del Mar Muerto, desde el wadi Zered hasta el golfo de Aqabah. Allí estaba situada la inexpugnable fortaleza llamada Sela (Roca), que daba seguridad y confianza a sus moradores. Es la actual y famosa Petra, una ciudad única en el mundo porque las construcciones que hay en ella están excavadas en la roca, si bien dichas construcciones son de un periodo muy posterior. Al estar situada en una zona por donde pasaban dos grandes rutas comerciales, sus ingresos procedían de los impuestos y ganancias procedentes de ese tráfico.

La Biblia recoge el largo conflicto entre Israel y Edom, que arranca ya desde los mismos antecesores de ambos pueblos, Jacob y Esaú (Génesis 25:23). Durante la travesía de Israel por el desierto Edom le negó el paso (Números 20:14-21; Jueces 11:17-18). Los primeros reyes de Israel, Saúl, David y Salomón, lucharon contra los edomitas y les sometieron durante un tiempo (1 Samuel 14:47; 2 Samuel 8:13-14; 1 Reyes 9:26-28; 11:14-22), pero en el siglo IX a. C., durante el reinado de Josafat, Edom atacó a Judá (2 Crónicas 20) y se liberó de su dominio (2 Reyes 8:20-22), no siendo sometido de nuevo hasta el tiempo de Amasías (2 Reyes 14:7). No obstante, durante el reinado de Acaz, Edom atacó a Judá e hizo cautivos (2 Crónicas 28:17). Pero el acto que prevalece en Abdías es la malvada complicidad de Edom con los caldeos en la caída de Jerusalén, acto que quedará grabado en la conciencia nacional (Salmo 137:7; Lamentaciones 4:21-22; Ezequiel 35).

El mensaje de Abdías puede dividirse en tres partes bien diferenciadas, aunque relacionadas entre sí:

  1. La sentencia contra Edom (1-9).
  2. El pecado de Edom (10-14).
  3. La condenación de Edom (15-19).

La enseñanza del libro es doble; por un lado la remuneración que Dios da a los enemigos de su pueblo (10), lo cual es una señal de su vindicación, y por otro la salvación de su pueblo, siendo ambos aspectos las dos caras de una sola moneda. La remuneración condenatoria contra Edom está basada en su arrogancia jactanciosa (3) y en el ya mencionado ultraje contra Jerusalén, no habiendo posibilidad de escapatoria alguna, pues ni lo escarpado del lugar, ni las alianzas protectoras (7), ni la legendaria sabiduría de sus dirigentes (8), podrán librarlos.

La palabra injuria del versículo 10 es la misma que se traduce por violencia en Génesis 6:11,13 y que fue una de las causa del diluvio. Es una violencia gratuita y extrema, llevada al punto de la crueldad. Pues bien, Dios acusa a Edom de haberse portado así con Jacob, es decir, con su hermano. La escena descrita en los versículos 11 al 14 se refiere al día de la toma de Jerusalén a manos de los caldeos. Mientras ellos saqueaban, Edom participaba del saqueo; un vil acto que quedará grabado para la posteridad (Salmo 137:7; Ezequiel 25:12).

Una de las lecciones del mensaje de Abdías es que el enemigo se aprovecha de los momentos de debilidad del pueblo de Dios. Los enemigos de Sansón se aprovecharon de su debilidad para capturarlo (Jueces 16:21) y humillarlo. Absalón se lanzó contra David, al ver el estado de postración en el que había quedado (2 Samuel 16:5-8). Ocurre lo mismo hoy. Los enemigos del cristianismo han levantado cabeza, al comprobar el estado de debilidad en el que la Iglesia ha quedado, al haber sustituido la Palabra por otras palabras.

Pero aunque todo parezca perdido, el mensaje que trae Abdías es que Dios va a poner en su sitio a los enemigos de su pueblo y a su pueblo mismo.

El día del Señor que se anuncia (15) es el día de la sentencia contra los enemigos de su pueblo, cumpliéndose así la palabra sobre quienes le maldigan (Génesis 12:3). Pero, a la vez, ese día también es cuando Dios intervendrá en favor del remanente (17), que recupera lo perdido y es exaltado (20). Finalmente, la última frase del libro, declara el establecimiento triunfal del reino de Dios (21), sin amenazas ni contingencias que lo pongan en peligro. Es decir, es el mensaje que se anuncia en Apocalipsis 11:15. En un momento en el que se había producido la gran catástrofe nacional y cuando parecía que el enemigo se salía con la suya, Abdías es portador de la mejor de las noticias, dando por sentado que la palabra final la tiene Dios.

Ese mensaje sigue siendo pertinente a pesar de haber sido escrito hace más de 2.500 años, porque es una nueva de esperanza y fortaleza para el pueblo de Dios, que tiene enemigos visibles e invisibles que buscan su destrucción. La derrota final de Edom ilustra la derrota final de todas las potestades demoníacas que se levantan contra el pueblo de Dios, a la vez que la certeza de que la salvación procede de él.

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