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¿Es la Biblia lo que dice ser?

¿Es la biblia lo que dice ser?

El método de trabajo honesto para dilucidar la autenticidad o falsedad de algo consiste en establecer una hipótesis y luego ver si las evidencias la corroboran. Pero combatir a priori la hipótesis con otra hipótesis sin permitir que sea puesta prueba no es justo ni honesto, ya que muestra una actitud de prejuicio.

Cuando nos aproximamos a la Biblia descubrimos que existen dos clases de evidencias que están ligadas entre sí. El primer tipo son las evidencias internas, esto es, aquellas que la misma Biblia proporciona. El segundo son las evidencias externas, que proceden de fuentes extra bíblicas, pero que dan testimonio de su credibilidad.

Hay cuatro tipos de afirmaciones que la Biblia hace sobre sí misma. (1) El testimonio del Antiguo Testamento sobre sí mismo. (2) El testimonio de Jesús sobre el Antiguo Testamento. (3) El testimonio del Nuevo Testamento sobre sí mismo. (4) El testimonio del Nuevo Testamento sobre el Antiguo.

(1) Hay numerosos relatos en el Antiguo Testamento que afirman ser las palabras de Dios, introducidas en muchas ocasiones por una frase como "Dios dijo" (Génesis 1:28-30; 3:9-19; 12:1-3; 15:1-21; 17:1-21; 18:1-23; Éxodo 3:4-4:17; 20:1-7; 1 Samuel 3:10-14; 1 Reyes 19:9-18; Job 38-41). Los profetas hacen frecuentes afirmaciones de estar hablando las palabras de Dios; de hecho en eso consiste la señal de un verdadero profeta (Éxodo 4:12; Números 16:28; 22:38; 23:5,16; Deuteronomio 18:18-20; Jeremías 1:9; 14:14; 23:16-40; 29:31,32; Ezequiel 2:7; 3:27; 13:1-19. La obediencia a los profetas es obediencia a Dios (Deuteronomio 18:19;1 Samuel 10:8; 13:13,14; 15:3,19,23). No sólo la palabra hablada es conceptuada como palabra directa de Dios, sino también la palabra escrita (Éxodo 24:4; 31:18-32:16; 34:1,28; Números 33:2; Deuteronomio 4:13; 10:4; Isaías 30:8; Jeremías 36).

(2) Jesús utilizó las Escrituras para sustentar su afirmación de ser Hijo de Dios. En Juan 10:35 no sólo denominó a uno de los salmos palabra de Dios, sino que también hizo la importante declaración de que la Escritura no puede ser quebrantada. Jesús se aplicó las profecías del Antiguo Testamento a sí mismo (Marcos 12:10). Él creyó claramente que cualquiera que leyera las Escrituras con una mente abierta y percepción espiritual discerniría lo que ellas decían de él (Lucas 24:44-47). Jesús estimó al Antiguo Testamento como fuente y norma de la verdad. Condenó a aquellos que rechazaron las Escrituras o eran ignorantes de las mismas (Marcos 12:24). Cuando estaban en juego serias cuestiones morales Jesús apeló a las Escrituras como árbitro final de decisión (Mateo 19:4-6). Nótese cómo citó de Génesis 2:24 y puntualizó que tal frase la dijo Dios. Jesús usó las Escrituras en su propia vida privada; durante su tentación (Mateo 4:1-11) la citó tres veces de Deuteronomio para derrotar al diablo. Al hacerlo él mismo se sometió a la autoridad de las Escrituras.

(3) Jesús dio promesas especiales a los apóstoles para que supieran que su enseñanza tenía autoridad (Juan 14: 26; 15:26,27; 16:13-15). Los apóstoles afirmaron esta autoridad para su propia enseñanza (1 Corintios 2:9-13; 14:37; 2 Tesalonicenses 3:6,12). Pedro coloca los escritos de Pablo en el mismo plano que "las otras Escrituras" (2 Pedro 3:6,12).

(4) Se atribuye a los escritores lo que Dios ha dicho (Hechos 7:48-50; Romanos 10:19-20). Se atribuye a Dios lo que los escritores han escrito (Hebreos 1:8-9). Se menciona a Dios hablando por medio de los escritores (Hechos 4:25). Se atribuyen a la Escritura las palabras textuales de Dios (Romanos 9:17; Gálatas 3:8; 4:30). Se menciona al Espíritu Santo como autor de tales escritos (Hechos 1:16; 28:25; Hebreos 3:7; 10:15 ss.). Se habla de Cristo hablando en las Escrituras (Hebreos 2:11-13; 10:5-7). Se habla de los escritores hablando del Espíritu Santo o por el Espíritu Santo (Marcos 12:36).

No queda pues ninguna duda de lo que la Biblia dice sobre sí misma: ser palabra de Dios.

Estas afirmaciones internas están corroboradas por evidencias internas. Teniendo en cuenta que la Biblia no fue escrita por una sola persona, ni en una sola lengua, ni en una época determinada, sino por decenas de personas, en dos [tres] lenguas y a lo largo de 1.600 años y teniendo una variedad de estilos literarios, con todo, existe un hilo conductor que la recorre desde principio a fin, unificando y dando armonía a su mensaje. Es decir, más allá de la variedad de ambientes, mentalidades y épocas hay una unidad intrínseca en ese libro.

Otra evidencia interna que confirma las afirmaciones internas son las profecías del Antiguo Testamento cumplidas en el Nuevo. Con una anticipación de varios siglos e incluso de miles de años, algunas de las predicciones hechas por los profetas de Israel tuvieron su cumplimiento en la época del Nuevo Testamento, concretamente durante la vida y ministerio de Jesús en la tierra. Tales predicciones se cumplieron al detalle.

Pero además de tener evidencias internas la Biblia cuenta también con evidencias externas. A las ya mencionadas profecías del Antiguo Testamento cumplidas en el Nuevo, sería necesario añadir aquellas otras que tienen que ver con la historia secular, como el regreso de los judíos tras 70 años de cautiverio en Babilonia a su tierra, tal como Jeremías había predicho. O la profecía que Jesús pronunció sobre la destrucción de Jerusalén en el curso de aquella generación, que fue literalmente cumplida.

Otro peso de evidencia externa consiste en los millones de personas que a lo largo de la historia han dado testimonio del poder transformador que ese libro ha ejercido y ejerce en sus vidas. Son hechos objetivos que publican externamente lo que internamente ha ocurrido por la operación de la Palabra escrita en sus corazones.

Hay una prueba sencilla que cualquiera puede hacer para verificar si realmente la Biblia es lo que afirma ser. Pero se trata de una prueba que tiene sus condiciones. Esto no es una forma deshonesta de proceder, ya que cualquier experimento de carácter científico para que sea preciso y aséptico, sin manipulación, ha de hacerse de acuerdo a unos determinados criterios o parámetros que no son de elección o según la preferencia del investigador, pues de lo contrario sus resultados serán engañosos. Pues bien, la condición para saber si la Biblia es lo que afirma ser la pone la misma Biblia. Esto es lógico, ya que si la Biblia afirma tener la autoridad de Dios y ésta es la más alta autoridad de todas, es coherente que tal autoridad imponga las condiciones.

Una escena nos ayudará a entender esto. Está en Números 13 y 14. Hubo quienes al escuchar la promesa de Dios (Números 13:2) la desecharon como si fuera palabra engañosa (Números 14:2-3). Pero hubo quienes al escuchar esa misma promesa la tomaron como palabra de Dios (Números 14:7-8). Los resultados, o los hechos posteriores, dieron la razón a los segundos y se la quitaron a los primeros. Es decir, que la Biblia demanda una determinada disposición del corazón para que se pueda recibir la confirmación de su eficacia. Es lo que Jesús explicó en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23) y lo que en todas partes por toda la Biblia está implícito. Por lo tanto, el punto de partida verdadero no es someter a escrutinio a la Biblia sin importar nuestra disposición, sino enfocar rectamente nuestra disposición para que podamos acercarnos a ella de forma adecuada para examinarla.

Una reflexión más. Aunque nos consideremos con el derecho a examinar y poner a prueba la palabra de Dios, es preciso dejar constancia de que en último término será esa misma palabra el criterio que un día nos juzgará a nosotros. Teniendo esa perspectiva en mente estaremos mejor preparados para acercarnos a ella con una disposición más centrada.

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