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El Jabato y la censura
Wenceslao Calvo (06-09-2017)
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El Jabato y la censura

Uno de los pasatiempos favoritos de muchos niños de mi generación en España era leer tebeos. Había algunos héroes que especialmente nos tenían en ascuas semana tras semana con sus aventuras, entre los cuales estaban El Capitán Trueno, El Jabato, el Cosaco Verde o el Guerrero del Antifaz. El problema era que no cualquiera podía permitirse comprar semanalmente aquellos cuadernillos apaisados con la portada en color y el interior en blanco y negro. Como el precio de cada uno de ellos era de 1,50 pesetas ¿qué niño de familia modesta recibía esa “paga” de sus padres? En mi caso tenía un amigo llamado Manolín que era hijo único y cuyo padre trabajaba en el cine, el cual le daba cada semana cinco pesetas -¡cinco pesetas!- para gastarse en tebeos. Así que los amigos de Manolín teníamos el privilegio de seguir las aventuras de El Capitán Trueno, El Jabato y el Cosaco Verde puntualmente cada semana con sus cinco pesetas, con el lujo de hasta sobrarle cincuenta céntimos.

Pasadas unas cinco décadas esos mismos tebeos volvieron a ser reeditados en ediciones coloreadas y a tamaño folio en vez de apaisado. Los niños de ayer eran los adultos entrados en años de hoy y quienes añoraban aquellas aventuras de su infancia y tal vez no las habían podido leer enteras y mucho menos coleccionarlas, ahora podían hacerlo. Las editoriales vieron los beneficios que se abrían con el mercado de los viejos tebeos, al haber unos consumidores que antes no tenían dinero y ahora lo tenían.

Pero al comparar la edición original de El Jabato con la edición moderna me llama la atención un pequeño, pero significativo, cambio que se ha introducido en el primer número de la serie. La edición original de 1958 comenzaba así:

‘Nuestra historia empieza años después de la crucifixión de N. S. Jesucristo, cuando por extenderse el cristianismo y constituir un peligro para los abusos y la crueldad del poder romano, comenzaron los seguidores del Señor a ser ferozmente perseguidos. Aquella mañana, una centuria romana avanzaba por un camino de la montañosa Iberia…’
La introducción que sitúa históricamente las aventuras de El Jabato unos años después de la crucifixión de Jesús, al que se llama ‘N.(Nuestro) S.(Señor) Jesucristo’, ha sido eliminada de la edición de 2010. Las palabras relativas al crecimiento numérico y persecución de los cristianos, a los que se denomina ‘seguidores del Señor’, también han sido eliminadas. De manera que se ha efectuado un recorte deliberado para quitar de la obra original algo que podía molestar o resultar ofensivo.

La edición moderna de 2010 comienza así:

‘Aquella mañana, una centuria romana avanzaba por un camino de la montañosa Iberia…’

La introducción que sitúa históricamente las aventuras de El Jabato unos años después de la crucifixión de Jesús, al que se llama ‘N.(Nuestro) S.(Señor) Jesucristo’, ha sido eliminada de la edición de 2010. Las palabras relativas al crecimiento numérico y persecución de los cristianos, a los que se denomina ‘seguidores del Señor’, también han sido eliminadas. De manera que se ha efectuado un recorte deliberado para quitar de la obra original algo que podía molestar o resultar ofensivo. Y lo que podía resultar ofensivo es la alusión reverente a Jesucristo. Como tal mención aparecía nada más comenzar el relato, había que evitar que provocara un rechazo y ahuyentara al comprador.

El pequeño detalle parece una tontería, pero es revelador del estado de cosas actual, en el que es impensable que una entidad comercial pueda vender un producto original sin alterar su contenido, si manteniendo su integridad ofende a los posibles compradores. Pero es sabido que trastocar el contenido de una obra original es falsearla y que el respeto al autor implica el respeto a su obra, tal cual ha sido escrita. En caso de no respetarse la integridad del contenido de la obra es que ha hecho acto de aparición en la misma un intruso: La censura.

La censura es la gran bestia negra de los amantes de la libertad de expresión, condenable por definición al ser causa de recorte o manipulación del pensamiento, ya sea literario, artístico o científico. La censura va asociada con la dictadura y la intolerancia y uno de los epítetos denigrantes que se utilizó para estigmatizar el código Hays, que estuvo en vigor en Estados Unidos desde 1934 a 1968, fue el de ‘código asesino’, por las películas a las que recortó escenas o diálogos considerados inmorales.

La diferencia entre la vieja censura y la moderna censura es que la primera era previsible, porque estaba articulada y expresada en términos inequívocos, mientras que la segunda no está descrita explícitamente en ninguna parte, ya que supuestamente no debería existir ningún tipo de censura, tampoco hacia Jesucristo y los suyos. Pero la realidad es que sí existe. Es por eso que la moderna censura es más sutil que la vieja, porque se ampara no en tal o cual ley sino en algo abstracto y nebuloso que se podría denominar ‘el espíritu de la época’, el cual ha de ser leído e interpretado entre líneas, pero sin que haya líneas que puedan ser leídas o interpretadas.

Sí, la censura sigue ahí y se ejerce en sociedades abiertas, que por un lado hacen alarde de su aversión hacia todo lo que signifique alteración o liquidación del pensamiento, pero que a la hora de la verdad lo alteran y liquidan si se trata de algo demasiado molesto o aborrecible. Y el cristianismo entra en esa categoría.

Portada original del cuaderno nº1 de El Jabato

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