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El desastroso tratamiento de la prostitución
Wenceslao Calvo (22-03-2017)
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El desastroso tratamiento de la prostitución

Con cierta frecuencia aparece en los telediarios el problema de la prostitución en Madrid, especialmente en ciertos lugares donde de forma notoria hay una gran concentración de mujeres ejerciéndola. Los vecinos que viven en esas zonas tienen que soportar diariamente escenas ofensivas, por lo cual es fácil intuir que son ellos mismos quienes llaman a las cadenas de televisión para que envíen algún reportero a fin de que tome imágenes de lo que allí está sucediendo, con el propósito de denunciarlo públicamente para que se haga algo al respecto y se tomen medidas. Otras veces son programas monográficos más extensos, dedicados a indagar y buscar soluciones al grave problema.

Sin embargo, es fácil llegar a la conclusión de que esos reportajes y programas no solamente no sirven para el fin propuesto, sino que en realidad lo que hacen es lo contrario. Porque aunque las escenas filmadas no recogen subrepticiamente los actos explícitos que esas mujeres realizan con sus clientes, sí son lo suficientemente incitadoras para despertar la curiosidad que acaba en la codicia. Si la cámara va grabando a las prostitutas según posan casi desnudas en las aceras de las calles, no hace falta tener demasiada inteligencia para darse cuenta de que lo que se está haciendo no es denunciar sino anunciar. El varón que está sentado en su casa viendo la noticia, en ninguna manera está pensando en lo reprobable que es lo que prostitutas y clientes hacen, sino que se está fijando en el cuerpo de las mujeres y tal vez en la posibilidad de ir al lugar para cerciorarse por sí mismo de lo que ha visto. Y hasta puede ser que termine enredado con alguna de ellas. O si no, hay otras posibilidades que puede investigar y experimentar, una vez que el deseo sexual ha sido puesto en marcha por la información disuasiva que en realidad es persuasiva. De esa manera la supuesta intención del reportaje, que es denunciar y avisar, se convierte en publicidad y acicate, con lo cual los proxenetas que manejan a algunas prostitutas están muy agradecidos por el reclamo gratuito que la televisión está haciendo a su “negocio”, encontrando las propias mujeres que la clientela en vez de bajar sube, porque muchos que antes no sabían ahora saben. Y como estos reportajes se emiten a cualquier hora del día, están al alcance de varones de todas las edades.

¿Dónde está el hombre medio que si ve una imagen así va a llegar a la conclusión de que usar a una prostituta es una vileza? Hace falta tener poca cabeza para argumentar de esa manera. ¿Tan ignorantes somos sobre la psicología del varón y sobre la antropología humana que no captamos realidades que pertenecen al ámbito de lo esencial?

Parece mentira que cuestiones básicas, que deberían ser de sobra conocidas, han de ser recordadas. Todavía más en una sociedad como la nuestra, que presume de ilustrada y avanzada en tantos campos del conocimiento. Porque es obvio que si se muestra a una mujer escasa de ropa en poses insinuantes se va a provocar la codicia en el varón. ¿Dónde está el hombre medio que si ve una imagen así va a llegar a la conclusión de que usar a una prostituta es una vileza? Hace falta tener poca cabeza para argumentar de esa manera. ¿Tan ignorantes somos sobre la psicología del varón y sobre la antropología humana que no captamos realidades que pertenecen al ámbito de lo esencial? No hace falta haber estudiado a Freud ni a Malinowski para saber esas cosas. Solamente hace falta tener dos dedos de frente. Aunque pudiera ser que el problema no sea de poca cabeza, sino de mala cabeza y entonces entramos en una tendenciosidad planificada de antemano en el tratamiento de la prostitución.

¡Qué mala pedagogía contra la prostitución la que se está empleando! En lugar de instruir y formar para mostrar la destrucción y engaño que hay en ese sendero, lo que se hace es darle alas, para que se haga más fuerte todavía, siendo deplorable que quienes tal hacen no son los propios engañadores y engañados que andan metidos en ese lodazal, sino quienes pretenden aportar una solución; pero lo hacen tan mal que en vez de ser solución es disolución lo que ofrecen. Y es que el tratamiento de la prostitución por los medios de comunicación refleja fielmente la realidad general de este mundo, que por un lado es consciente del daño que el mal hace pero por otro lado lo fomenta. Es la contradicción en la que se encuentra atrapado.

El acercamiento a la prostitución que hay en el libro de Proverbios es muy diferente al mencionado. Alguien dirá que al ser texto solo sin imágenes ya tiene la ventaja de no poder excitar el deseo sexual. Pero hay que recordar que mucho antes de que existiera la pornografía gráfica ya existió, durante siglos, un género literario obsceno, cuyo poder radicaba en incitar al lector a suplir con su imaginación visual lo que era mero relato escrito. En ese libro de Proverbios aparece la figura de la prostituta y también de su cliente. Si la primera es una consumada maestra para enredar al segundo, éste no es una víctima inocente que cae en su red sin ser él mismo responsable de ello. Lejos de estimular la curiosidad o de generar el deseo desordenado al describir el encuentro entre prostituta y cliente, el libro subraya las ruinosas y desastrosas consecuencias que acarrea tal relación, advirtiendo al lector de no caer en ella y presentándole la sexualidad en el sano, lícito y remunerador marco del matrimonio.

Me quedo con el tratamiento de la prostitución que hay en Proverbios. Es esclarecedor y preventivo, llamando a las cosas por su nombre, sin esconder lo que aguarda a quienes andan ahí metidos. Todo lo contrario al tratamiento que presentan los medios actuales de comunicación.

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