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En el amor no hay temor
Cristian Bodnari (14-02-2017)
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En el amor no hay temor

1 Juan 4:18

"Tengo miedo", es la frase que repetimos desde que tenemos uso de razón, desde que somos niños empezamos a tener miedos. Siendo adultos no nos libramos de ellos, simplemente tememos otras cosas que tienen que ver más con la realidad de esta vida y a veces deseamos volver a ser niños con esa inocencia, con esos miedos inocentes.

El miedo, por otro lado, puede tener un matiz positivo dado que muchas veces podría funcionar, y funciona, como medio de supervivencia y mantener una persona en alerta ante un peligro inminente. Es evidente que, por ejemplo, el miedo a la caída nos impide saltar desde un precipicio.

La definición según el diccionario de la Real Academia Española, el miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”. Es una definición que engloba el punto de vista que tiene el hombre sobre el miedo. Se han hecho muchos estudios sobre este tema y se ha desarrollado todo un sistema a través de cual se nos explica desde muchos ángulos cómo funciona y cómo nos afecta esta sensación.

El miedo ha sido y es uno de los argumentos que ha calado en la literatura y el cine, cautivando a millones de amantes de este género y aunque los estudiosos nos expliquen el enfoque biológico, neurológico y psicológico del miedo, nunca nos confirmarán el origen de éste y tampoco podrían concebir un ser humano que no tuviese miedo.

Entonces, la pregunta sería ¿Es concebible una vida sin esta sensación que llamamos miedo? ¿Hubo alguna vez algún ser humano que experimentó una vida sin miedo? Bueno, la respuesta de la mayoría de la gente y además de los científicos y estudiosos del tema sería un rotundo "no". Los argumentos serían de los más variopintos y también dirían que es irracional pensar esto, puesto que concebir un ser humano sin miedo sería como pensar en un artefacto andante, sería auto destructivo para la sociedad en general. Desde luego que parte de razón no les falta, pero precisamente por esa determinación del ser humano de razonar todo y pasarlo por el filtro de una mente bastante limitada, que ésta se convierta en una barrera infranqueable que no nos deja ver más allá de nuestras narices y negar todo lo demás tachándolo de subcultura y superstición.

La humanidad y el ser individual, se siente cada vez más autónomo, más independiente y por ende más egocéntrico y egoísta. Las relaciones humanas se están convirtiendo en una especie de trato comercial por culpa de la desconfianza, la comodidad, o el miedo. Al mismo tiempo el ser humano se ve a sí mismo como un dios, con la capacidad de decidir sobre su proprio mundo y sus relaciones, con el derecho de no ser violentado por nadie y nada y la libertad de encapsularse en su propia coraza por comodidad, desconfianza o miedo.

Es manifiestamente difícil en estas circunstancias plantearse un mundo sin miedo, cuando el miedo es benéfico y beneficioso dado que es como un excelente sistema de seguridad que nos avisa del peligro. Es manifiestamente difícil plantearse un mundo sin miedo cuando mediante el miedo e inseguridad se pueden subyugar naciones y pueblos enteros. El miedo es un arma poderosa que mantiene en la zona de confort a todo aquel que es capaz de controlarlo e impartirlo.

concebir un ser humano sin miedo sería como pensar en un artefacto andante, sería auto destructivo para la sociedad en general

Respetando las demás opiniones sobre este tema, para mí es fundamental remarcar que este mundo y el ser humano fue CREADO sin conocer esta sensación que sentimos ahora, a veces, y que llamamos miedo y creo en otro mundo aún mejor que el primero, donde el miedo no va existir. Creo que el mundo fue creado para relaciones, no para el temor y la desconfianza, para una relación perfecta entre sí y con el Creador y desde luego que esto será la culminación de un plan íntegro, completo y perfecto.

El miedo tiene un comienzo, siendo fruto de la desobediencia y resultó en el trauma más agudo que conoció el ser humano y sus secuelas han sobrepasado generaciones y milenios hasta nuestros días: LA SEPARACIÓN Y LA RUPTURA DE LA RELACIÓN PERFECTA ENTRE EL SER HUMANO Y SU CREADOR. Este hecho está recogido en dos versículos de las Escrituras y precisamente en Génesis capítulo 3:9-10: "Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí".

El Creador y el ser humano tenían una relación perfecta hasta ese fatídico momento. La felicidad eterna y esa maravillosa relación estaban condicionadas por la obediencia del hombre. El miedo y la desconfianza eran algo totalmente ajeno a la mujer y al hombre.

Sin embargo, nuestros antepasados decidieron probar y desobedecer el precepto de su Creador y en ese preciso momento el temor se apoderó de él y de ella y se dieron cuenta que separados del Creador estaban desnudos. Ese preciso momento marcó la humanidad y fue ese el segundo número uno de la era del miedo. Afortunadamente ese no fue el fin sino la continuidad de un plan perfecto, un diseño majestuoso para que el ser humano aún en el estado que se encuentra, pueda admirar y maravillarse de algo que es superlativo a su conocimiento y su capacidad de discernimiento: "LA GRACIA".

Esta palabra, gracia, engloba todo lo que es el Creador, todas sus cualidades y atributos perfectos derramados en una cruz romana en el siglo primero de nuestra era. El Hijo de Dios irrumpió en este mundo material, en este mundo de carne y huesos, en esta tierra suya. Dios pisó el polvo de este su mundo. Hombre perfecto y Dios perfecto, no podría ser de otra manera.

Su paso por la tierra marcó un hito, un antes y un después en la historia de la humanidad porque hizo lo que el primer hombre no fue capaz: obedecer. Su vida perfecta, su inocente sacrificio y su resurrección forman parte del designio del Creador y tienen como propósito la restauración de la relación entre el ser humano y su Dios y por consiguiente la aniquilación del miedo.

El mundo se ha acostumbrado a vivir con miedo y erróneamente cree que así debe ser. Si el miedo fuera una enfermedad, que a veces puede llegar a ser, buscaríamos remedios sin dudarlo, pero como es algo que hasta podríamos manejar a nuestro antojo, no nos preocupa demasiado. Sin embargo, cada ser humano en un momento dado se enfrentará de la manera más cruda con esa sensación. Es el momento que irremediablemente todos y cada uno tenemos que enfrentarnos a la muerte y es entonces cuando veremos su verdadera naturaleza.

Ese angustioso temor a la separación eterna y sin ninguna esperanza nos debe hacer reflexionar mientras todavía hay tiempo. La desobediencia nos alejó una primera vez de nuestro Creador y nos trajo dolor y temor, pero se nos ha proporcionado una oportunidad excelente para restablecer nuestra relación con nuestro Creador mediante su Hijo y librarnos de enfrentar la segunda separación que ya no tiene marcha atrás.

Esta es la gracia, es el amor perfecto, es la compasión y misericordia de Dios que se reconcilió con el mundo cargando nuestras culpas sobre los hombros de su hijo Jesús. El único temor válido es el temor de Dios porque "El principio de sabiduría es el temor de Dios" Proverbios 9:10 y esto no se refiere a tenerle miedo, más bien significa que tener una verdadera y reverente relación con Dios es algo muy sabio y que nos puede ser beneficioso ahora y para la eternidad.

«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.» (Isaías 41:10)

Fotografía: David Niblack

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