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¿Matrimonio o parejas de hecho?
Wenceslao Calvo (18-02-2003)
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¿Matrimonio o parejas de hecho?

Génesis 2:24

Si hacemos caso a las estadísticas, (y no siempre hay que hacerles caso pues me parece que fue Mark Twain quien dijo que había tres clases, en grado ascendiente, de mentiras: las "piadosas", las gordas y las estadísticas), el matrimonio tradicional está en retirada frente al aumento de otras formas alternativas de relación. Parejas temporales, parejas de hecho, intercambio de parejas, son algunas de las propuestas que están adquiriendo cada vez más auge; incluso se ha llegado a proponer la posibilidad de legalizar el matrimonio temporal, en el que se partiría de la siguiente premisa: Un matrimonio con fecha de caducidad puesta de antemano por escrito. Pero a pesar de Mark Twain la realidad es que a la par que se observa, en España, un incremento notable del número de divorcios se aprecia un número creciente de relaciones de hecho; estos dos fenómenos no son una casualidad ni están desconectados entre sí, sino que hay una relación causa-efecto entre ambos. El diagnóstico al que se ha llegado es que la institución matrimonial está en crisis y no funciona y por lo tanto lo mejor es acabar con ella. De esa manera muchas parejas piensan que han solucionado el problema, al no pasar por el juzgado ni por la iglesia y haberse ido directamente a cohabitar. Eliminada la raíz se termina también con los síntomas.

Efectivamente hay una fragilidad en el matrimonio; sin embargo no creo que esa fragilidad esté en la institución matrimonial, que ha resistido el paso del tiempo, de culturas y de avatares, sino que la fragilidad está en las personas mismas que se unen en matrimonio. Es decir, es un error de diagnóstico desechar la institución como caduca; es todo lo contrario: Si hay algo sólido en este mundo, algo que ha demostrado su validez, su bondad, su beneficio y estabilidad es precisamente la institución matrimonial; lo cual no es extraño, pues es diseño del mismo Dios. De ahí que a pesar de las modas, las tendencias y las preferencias, tal institución sobrevivirá y llegará poderosa hasta el final de los tiempos, aunque haya de pasar por periodos de recesión. Por lo tanto, hay que rehacer el diagnóstico y en lugar de culpabilizar de forma superficial a la institución es necesario asumir que la fragilidad está del lado de los contrayentes; sólo así podremos llegar a soluciones verdaderas y no engañosas, como son las parejas de hecho.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que una de las piedras de toque para conocer el grado de saneamiento de una sociedad es el matrimonio y esto es así porque el matrimonio es la recapitulación de la sociedad, de manera que hay una relación directa y proporcional entre ambas entidades. Por eso es urgente retener, o en su caso recuperar y redescubrir, antes de que sea demasiado tarde, lo que Biblia tiene que decirnos sobre el matrimonio. En una solemne alocución tras la rendición japonesa, el general MacArthur dijo lo siguiente en la cubierta del acorazado Missouri: "El problema (de las guerras) es básicamente teológico". Pues bien, lo mismo se puede decir sobre la cuestión de fondo que estamos dilucidando aquí: El problema es básicamente teológico. Una teología errada del matrimonio sólo nos conducirá al desastre, pero una acertada nos preservará de muchos males.

El texto bíblico arriba citado contiene toda una declaración de principios sobre el matrimonio que yo resumiría en tres puntos:

  • El matrimonio tiene una dimensión pública, manifestada en la frase "Dejará el hombre a su padre y a su madre." No se trata de un mero asunto privado sin más repercusiones que las que afectan a las dos personas que lo contraen. Esa dimensión pública tiene resonancias sociales, legales y jurídicas y convierte una cuestión personal en algo supra-personal o comunitario. Los votos, los testigos y las firmas son expresiones de esa dimensión pública. Como dijo Bonhoeffer: "Vuestro amor es vuestra posesión personal, pero el matrimonio es más que algo personal, es un estado, un oficio." Las formas por las que se expresa esa dimensión pública pueden variar de un lugar a otro y de un tiempo a otro, pero la esencia de tal proyección es congénita al matrimonio.
  • El matrimonio tiene una dimensión afectiva, manifestada en la frase "y se unirá a su mujer". Cuando digo afectiva no estoy meramente diciendo sentimental; por supuesto que hay sentimientos que mueven a las dos personas a dar ese paso, pero también hay algo más que sentimientos: Hay determinación, hay resolución, hay compromiso. Ese es el significado de la expresión "se unirá". Es decir, hay un elemento emocional y sentimental pero también hay un elemento volitivo, que es la base de la fidelidad. Los sentimientos son volátiles y fluctuantes y necesitan, como la cometa, ser contrabalanceados por la cuerda de la voluntad, de lo contrario las corrientes de aire los engullirán. Aquí radica mucho del problema actual, con tanta gente basando su unión en los sentimientos solamente, de manera que cuando surgen las adversidades y los problemas no tienen recursos para hacerles frente.
  • El matrimonio tiene una dimensión física, manifestada en la frase "y serán una sola carne." Nótese que la unión física es el último ingrediente de los tres elementos que estamos tocando. Es decir, es su culminación, su consumación; justo lo contrario de la idea moderna que enseña a poner la unión sexual antes de lo demás. Efectivamente, en el matrimonio es donde adquiere el acto sexual toda su significación y plenitud, porque el matrimonio es el lugar de la unión y el compromiso y el acto sexual es el refrendo de todo ello. La unión sexual es más que un acto físico, pues conlleva una unión integral del hombre y de la mujer: en lo espiritual, en lo psíquico y en lo físico.

No dejes "que te vendan la moto" de que las parejas de hecho son una alternativa al matrimonio; no son una alternativa sino un tan sólo un sucedáneo, un pobre y triste sucedáneo de algo sublime y bendito.

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