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Teología del arco iris
Wenceslao Calvo (29-08-2016)
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Teología del arco iris

Uno de los fenómenos naturales más bellos que existen es el arco iris, que a diferencia de otros que sólo se producen en determinadas regiones del planeta y en contadísimas ocasiones, es visible en cualquier punto de la geografía terrestre y siempre que la lluvia y el sol se conjugan en un feliz abrazo. A pesar de su reiteración, cada vez despierta la admiración de sus contempladores, porque la repetición de su manifestación no borra el sentimiento de encanto que provoca. Es verdad que el fenómeno, como todos los demás fenómenos naturales, puede ser explicado científicamente, diseccionado hasta sus detalles más nimios y presentado en una pizarra en la que ángulos, líneas y guarismos muestran el por qué y cómo de su aparición, pero su belleza escapa al intento de encerrarlo en fórmulas y definiciones, por lo que pintores han procurado plasmarlo sobre el lienzo y fotógrafos capturarlo con su cámara.

Pero además de belleza y encanto el arco iris es portador de otro mensaje y en ese sentido es diferente al resto de los demás fenómenos naturales, de manera que se puede hablar de una teología del arco iris, que va más allá de la atracción estética que despierta. Es muy importante tener en cuenta ese mensaje teológico, es decir, sobre Dios, que el arco iris nos envía cada vez que aparece en el cielo, no sea que nos limitemos al mensaje estético de su hermosura y perdamos de vista ese otro aspecto vital.

En la Biblia el arco iris aparece solamente en tres libros de la Biblia, que son Génesis (tres veces en 9:13,14,16), Ezequiel (una vez en 1:28) y Apocalipsis (dos veces en 4:3 y 10:1). En Ezequiel y Apocalipsis sirve para describir lo glorioso y majestuoso. Pero la primera vez que el arco iris aparece en la Biblia y donde se le da su significado teológico es en Génesis 9, una vez que se ha producido la aniquilación de un mundo saturado de pecado y la manifestación de un mundo nuevo. En ese capítulo también aparece por vez primera la palabra pacto en la Biblia, quedando unidos ambos términos, arco iris y pacto, al ser el primero la señal visible del segundo.

Un pacto no es una relación cualquiera sino una de especial categoría, expresada en su solidez y estabilidad. El que publica el arco iris en Génesis 9 reúne varias cualidades. En primer lugar es un pacto universal, porque está hecho con todo el género humano e incluso con los seres no humanos1. De la misma manera que el arco iris es visible desde cualquier punto de la tierra, así el pacto que porta es para todos sus moradores sin excepción. En segundo lugar es un pacto incondicional, porque solo una parte, que es Dios, está asumiendo las condiciones de su cumplimiento. Los pactos condicionales son los que están sujetos al cumplimento por dos partes o más. En tercer lugar es un pacto prometedor, porque contiene una preciosa promesa de preservación y providencia, mediante la cual Dios se compromete a no mandar otro diluvio destructor sobre la tierra. En cuarto lugar es un pacto pacificador, porque al contrario de lo que la figura de un arco transmite, por ser un arma de guerra, este arco anuncia paz de parte del cielo sobre la tierra.

La consideración de este fenómeno natural es toda una lección sobre su Creador y en ese sentido ocurre lo mismo que con todas las demás criaturas inanimadas, que proclaman su existencia, grandeza, sabiduría, omnipotencia y bondad.

La consideración de este fenómeno natural es toda una lección sobre su Creador y en ese sentido ocurre lo mismo que con todas las demás criaturas inanimadas, que proclaman su existencia, grandeza, sabiduría, omnipotencia y bondad.

Por eso cada vez que el arco iris aparece en el cielo nos está haciendo una invitación a reflexionar sobre esas cualidades de Dios y alegrarnos en ellas. El arco iris debe inducirnos a la gratitud a Dios, por su continuado ejercicio de preservación y cuidado de la tierra, mediante el sol y la lluvia, el frío y el calor, el día y la noche; debe guiarnos al temor de Dios, que nos enseña donde está la frontera entre la confianza y el abuso; debe estimularnos a la adoración de Dios, autor de ese pacto bondadoso y de esa señal hermosa.

Pero también nos está invitando a tener en cuenta las causas que trajeron aquel juicio de devastación sobre aquel mundo. Un mundo al que el nuestro se parece cada vez más. El hecho de que haya una garantía absoluta de parte de Dios de que no habrá otro diluvio, no debe ser motivo para abusar de su fidelidad, porque lo que Dios prometió es que no habrá otro juicio general en esa manera, no que no habrá otro juicio general en ninguna manera.

Algunos han hecho su propia interpretación del arco iris, que han convertirlo en bandera de sus propios deseos. Una interpretación que no solamente nada tiene que ver con la teología del arco iris, sino que choca frontalmente con su enseñanza, porque reproduce una parte del desorden moral que llevó a aquel mundo a la catástrofe. Un desorden que cada vez es más multiforme, extendido y profundo, por lo cual no hace falta ser profeta para saber lo que pasará si no hay un arrepentimiento.

1 Génesis 9:9-10

Fotografía: María Calvo

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