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¿Qué me pongo?
Cristina Martín (20-09-2015)
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¿Qué me pongo?

En estos días acabamos de recibir una de las peculiaridades del otoño, llega la época de los calcetines y las botas, además de abrigarnos con alguna chaqueta o pañuelo para los imprevistos cambios de temperatura. Justo haciendo esta renovación de calzado y prendas en casa para afrontar la nueva estación que se avecina, me quedaba pensando... en cuán importante son en la Biblia tanto el vestido como el calzado y sobre todo en este último, las pisadas, los caminos, las sendas, las veredas, etc…

Me pregunto qué calzado usarían para cruzar el desierto. Evidentemente si andamos sin un calzado apropiado podemos sufrir graves consecuencias físicas, tanto rozaduras en nuestros tobillos e incluso perjuicios en la espalda a largo plazo; si vamos incómodos, nos aprietan o nos hacen daño, no vamos muy lejos tampoco, con lo cual para emprender semejante ruta, habría que calzarse adecuadamente. Pienso también en la escena de Moisés, cuando el Señor le dice que se quite su calzado1, dada la magnitud de lo que le mostraría a continuación de descalzarse.

Sabemos hoy en día de muchos lugares del mundo, diferentes culturas, templos, etc., que son considerados lugares sagrados, hay que descalzarse para poder entrar o pisar determinadas zonas. También en muchas casas, los zapatos se dejan en la entrada, no se accede al interior de la vivienda con ellos.

Esta representación me lleva a pensar en la escena cuando Jesús le lava los pies a los discípulos2, les dice que ya estaban limpios por su palabra, pero que igualmente necesitaban lavarse los pies unos a otros. Lavar los pies es algo poco gratificante, ya que en cuanto vuelves a caminar se van a ensuciar de nuevo. Lo vemos fácilmente en los niños, que por mucho que los bañes, en cuanto salen se ensucian de nuevo. Por eso si Jesús les pidió a sus discípulos que se lavaran los pies unos a otros, entendemos que su significado es el de perdonarse y deshacerse de la suciedad en el andar diario, ya que, como dice Lucas 17:1, es "Imposible es que no vengan tropiezos".

Ponerse estos zapatos significa que estamos listos para movernos cuando el proveedor de nuestra armadura nos llame, y comenzar así la batalla del día a día

Con todo esto, nosotros también tenemos la obligación de cuidar nuestros pies y sobre todo nuestro caminar, de calzarnos bien para poder atravesar terrenos duros y difíciles, de no juzgar a los demás, ni aun pensado que nos ponemos en “sus zapatos”, sino recorrer los caminos llevando las buenas noticias que Dios nos ha dado y que nuestro caminar sobre todo sea una marcha alegre ya que llevamos el gozo del Señor allí a donde vayamos.

En Efesios 6, la Biblia nos dice claramente con qué vestirnos y con qué calzarnos.

10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.
11 Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.
12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.
13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.
14 Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia,
15 y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.

Hoy, al ponerme esa armadura, siento que una nueva seguridad me invade, la seguridad de saber que hay una relación correcta con Dios a través de Cristo y esta coraza me protege contra los dardos de fuego que quieren hacerme sentir insegura, culpable o sin valor.

No es solo disfrutar de la seguridad de sentirme aceptada por Dios, sino que dicha armadura me exige que yo transmita esa justicia a otros, especialmente a aquellos que me han herido u ofendido; que pueda seguir los pasos de mi Padre y hacerlos sentir a ellos aceptados. No acepto sus pecados, pero sus personas sí que necesito aceptarlas.

Por último los zapatos que nos deberíamos de poner son la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Ponerse estos zapatos significa que estamos listos para movernos cuando el proveedor de nuestra armadura nos llame, y comenzar así la batalla del día a día.

1 Éxodo 3:5
2 Juan 13:4-17

Fotografía: David Niblack

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