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Llamadores de ángeles
Wenceslao Calvo (21-09-2015)
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Llamadores de ángeles

Entre los chismes que es factible encontrar en determinadas tiendas se encuentran los "llamadores de ángeles", consistentes en el tintineo de una campanita que al ser escuchada por esos seres celestiales, que andan revoloteando por aquí y por allá, acuden presto a la llamada. Antiguamente se recurría a la herradura para atraer la buena suerte, pero por influjo de las nuevas tendencias espirituales, más sofisticadas, la herradura ha quedado relegada a medios rurales, pero en los urbanos lo que se lleva es el llamador de ángeles, que es más elegante y moderno que la rústica herradura. Claro que todavía persiste en otros sitios el recurso a la ristra de ajos, que libra de los poderes maléficos que quieren hacernos daño. Pero se trata de un recurso atávico, casi más que la herradura, y por tanto aún más circunscrito a entornos aldeanos.

A diferencia de los ajos y la herradura, los llamadores de ángeles se supone que son un avance en el nivel de las creencias, como no podía ser menos en una sociedad tan desarrollada como la nuestra, ya que no se trata de rechazar simplemente lo malo y perjudicial, como hacen los ordinarios ajos, ni tampoco meramente de atraer la buena suerte, como hace la triste herradura, sino que se trata de llamar a esos seres benéficos, que son los ángeles. Por tanto, se da por sentado que existe un mundo espiritual que no sólo está poblado de seres malignos, sino también de criaturas benignas, deseosas de hacernos bien.

Es curioso que esta tendencia a usar ciertos artefactos, para protegernos, está extendida por doquier; da igual donde nos movamos en la geografía o en el tiempo, siempre encontraremos objetos que supuestamente tienen poderes sobrenaturales para la consecución de algún fin deseado. Son los talismanes, fetiches o amuletos. En los países musulmanes es extraordinariamente popular la "mano de Fátima", que sirve, sobre todo, para conjurar el mal de ojo. Entre los judíos es fácil observar en las puertas de las casas la mezuzah, la cajita con versos bíblicos, que en ocasiones no es indicio tanto de ortodoxia doctrinal sino de confianza en la propia cajita, para que bendiga a los moradores de la casa. Recuerdo en mi infancia que era muy corriente que en muchas puertas de las casas estuviera insertada, en lugar de la mirilla actual, una pequeña medalla de la Virgen, cuyo fin era amparar a los que vivían detrás de la puerta.

da igual donde nos movamos en la geografía o en el tiempo, siempre encontraremos objetos que supuestamente tienen poderes sobrenaturales para la consecución de algún fin deseado

Pero como en Occidente hemos echado por la borda todo lo que suene a religión tradicional, los llamadores de ángeles están en auge, porque no nos identifican con ninguna corriente religiosa en concreto y nos dan la libertad de creer lo que queramos y vivir a nuestro antojo, que de eso se trata en definitiva. Esos ángeles nos son cómodos, porque están a nuestro capricho y acuden a nuestra llamada, del mismo modo que el criado a la voz de su amo.

En realidad la superstición que envuelve a estos artilugios no es menor que la que hay con la mano de Fátima, con la mezuzah o con la medalla de la Virgen, porque en última instancia significa querer manejar o controlar el mundo invisible para nuestro beneficio. Lo cual significa que la creencia espiritual más supersticiosa no está reñida, en nuestro entorno secular actual, con la incredulidad más grosera.

Ciertamente los ángeles existen, pero no están al antojo de cualquiera. Están al mando de su Creador, al que adoran y sirven con voluntad perfecta. No son esos seres mofletudos, rubicundos y regordetes que aparecen en tantas pinturas, especialmente en el Barroco, de relleno en alguna escena. No son manipulables, ni se someten al primer ególatra que quiera servirse de ellos. Son criaturas espirituales y poderosas, que ejercen diversas e importantes funciones que Dios les ha encomendado. Anunciaron el nacimiento del Salvador y también su resurrección, así como harán sonar las trompetas del juicio que viene sobre este mundo supersticioso e incrédulo.

Es verdad que entre sus funciones está la de servir y proteger, pero no al que vive como le da la gana, sino al que anda de determinada manera. El Salmo 34:7 lo especifica bien: "El ángel del Señor acampa alrededor de los que le temen y los defiende." Hay tres aseveraciones que en este texto se hacen. La primera es referente al dueño de los ángeles, que no es otro que Dios mismo, lo cual se indica por la contracción "del". La segunda es referente a su acción, que es alentadora y protectora. Y la tercera se refiere a quiénes son objeto de tal cuidado: Los que temen a Dios.

Si quieres efectivamente llamar a los ángeles, tienes que empezar por invocar, o llamar, al que los trajo a la existencia. Después tienes que reconciliarte con Él, ya que es imposible que puedas tener de tu lado a los ángeles si tienes a su dueño en contra. Esa reconciliación requiere dos cosas: Arrepentimiento de tus pecados y fe en Jesucristo, pagador del castigo de tus pecados. Entonces los ángeles, los de verdad, estarán a tu favor.

Fotografía: David Niblack

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