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 ¿Para qué necesito ser cristiano?
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¿Para qué necesito ser cristiano?1 ¿Para qué necesito ser cristiano?

Ser cristiano no es una opción o alternativa entre otras, de parecido valor, que pueda haber. Ser cristiano es la necesidad imperiosa que todo ser humano tiene, si quiere escapar de la ira de Dios. Una ira que no es arbitraria ni caprichosa, sino su justa indignación por causa de nuestro pecado. Del mismo modo que salir de un edificio en llamas no es un simple desahogo sino algo vital e imprescindible, así ser cristiano no es una mejor posibilidad sino la insustituible vía de salvación.

2 ¿Cómo se puede ser cristiano? ¿Qué tengo que hacer?

Lo primero es caer en la cuenta del verdadero estado en el que me encuentro. No importa si soy una persona a la que la vida le sonríe o si estoy sumido en un abismo de confusión y desesperación; la cuestión es que ante Dios he fracasado, incluso en el caso de que me considere honesto y sincero ante mis propios ojos u otros me consideren así, porque, lejos de dar la talla moral necesaria, he errado al transgredir su ley. En segundo lugar he de volverme a Dios, para implorar su misericordia y perdón. Como la misericordia de Dios se ha expresado plenamente en Jesucristo, pues vino a esta tierra para pagar con su muerte por nuestros pecados, es a él a quien debo acudir, para recibir vida nueva y perdón. Ser cristiano no es una cuestión de pertenencia a una determinada herencia histórica, cultural o religiosa, sino tener una relación personal con Dios por medio de Jesucristo. Esto significa que nadie nace cristiano ni es hecho tal en contra de su voluntad, sino que se trata de un acto que comienza en un momento dado, por el arrepentimiento hacia Dios y la fe en Jesucristo, y que se mantiene a lo largo de toda la vida.

3 ¿Qué gano si me hago cristiano?

La primera ganancia es de índole espiritual y tiene que ver con la salvación. Salvación es la palabra contraria a perdición y precisamente ésa es la condición a la que todos los seres humanos hemos quedado abocados, por causa de nuestro pecado. Por lo tanto, el gran negocio o el gran beneficio tiene que ver con el preciado regalo de esa salvación, ya que de nada vale que el hombre gane el mundo entero si pierde su alma. Brotando de esa bendición hay otras que surgen de ella, como son la confianza para enfrentar las eventualidades que en la vida puedan surgir, la sabiduría para manejar correctamente asuntos difíciles de solventar, la victoria para salir airoso ante fuerzas superiores a nosotros y la paz para vivir en medio de las tormentas de este mundo.

¿Y puedo ser cristiano sin reunirme en una iglesia?4 ¿Y puedo ser cristiano sin reunirme en una iglesia?

Una de las consecuencias al recibir la salvación es que somos hechos parte del cuerpo de Cristo, que es su Iglesia, de la cual cada comunidad local es una expresión. Eso quiere decir que la iglesia no es una idea humana sino la voluntad de Dios, para que cada hijo suyo pueda crecer, recibiendo y aportando de manera recíproca, conforme a la capacidad de cada uno. Es el lugar donde se ejercen los dones y se recibe el alimento espiritual preciso, practicando además cuestiones vitales como la paciencia, el amor, la perseverancia, la corrección o la humildad. La edificación personal y colectiva, por tanto, solo puede darse en el seno de una iglesia.

5 ¿Puedo ir a cualquier iglesia?

Partiendo de la premisa de que no existe aquí abajo la iglesia perfecta (y teniendo en cuenta que en el caso de que existiera, cuando llegáramos cualquiera de nosotros dejaría de serla), no obstante hay ciertos criterios elementales que deben servirnos como guía. El principal es si el mensaje que se predica está basado en la Biblia. Es decir, si lo que se enseña son doctrinas de hombres, de donde surgen vanas tradiciones, modas eclesiásticas o descaminadas imaginaciones, podemos estar seguros de que no es el lugar donde la nutrición espiritual será sana. También es preciso que haya una adecuada administración de las ordenanzas cristianas, como son el bautismo y la Cena, lo cual requiere un orden espiritual y moral en los miembros de la congregación.

6 ¿Sirve cualquier religión o filosofía para salvarse?

El propio sentido común dice que no puede servir cualquier religión o filosofía para salvarse, del mismo modo que no cualquier medicamento sirve para curar determinada enfermedad. Es más, la equivocación en la administración de una medicación puede tener efectos mortales. Eso es lo que ocurre también cuando, en el intento de buscar un remedio para salvarse, se acude a una solución engañosa. Por eso es muy importante estar seguros de que la solución sea la verdadera. Hay una señal universal y patente que Dios ha dado para que sepamos a quién acudir para hallar la salvación. Esa señal es que Jesús, tras haber proclamado que la salvación viene por su medio, resucitó de los muertos, lo cual es el sello inequívoco puesto por Dios a su persona, sus palabras y su obra. Por tanto, lejos de que es válido cualquier camino para llegar a Dios, Dios mismo ha dejado las cosas claras al respecto, al levantar únicamente de los muertos a Jesús, con lo cual lo señala como aquel a quien hemos de ir para recibir el fruto de su muerte redentora.

7 Si Dios perdona todo, ¿por qué tengo que obedecer sus normas?

Las normas de Dios son la expresión de su carácter, que es bueno y justo, y por tanto llevan esa marca indeleble, de ahí que obedecerlas sea la garantía de estar andando en la senda que nos proporciona paz. La primera razón para obedecer las normas de Dios es recibir su beneplácito, lo cual es el mayor galardón que se pueda obtener. La segunda es experimentar el beneplácito de la conciencia, que da testimonio, ya sea de aprobación o reprensión, sobre nuestros pensamientos y actos, al ser un juez que absuelve o condena. La tercera razón es que nuestro prójimo percibirá la veracidad y coherencia de lo que manifestamos de palabra, lo cual será un estímulo para que busque a Dios.

8 Si soy cristiano, ¿seré bendecido (económicamente o en salud)?

Que Dios nos bendiga en tantos aspectos de nuestra existencia, no quiere decir que estemos exentos de pasar por pruebas de una índole u otra. La bondad y paternidad de Dios se manifiestan en su cuidado hacia nosotros, pero así como un padre responsable no les ahorra a sus hijos todas las adversidades ni les proporciona todas las comodidades, pues eso sería perjudicial para su desarrollo, del mismo modo Dios sabe que la prueba forja el carácter y aquilata la voluntad, sirviendo además para demostrar que no se sirve a Dios por las ventajas materiales que obtenemos. Por tanto, es de esperar que al cristiano le acontezcan contratiempos, si bien sabiendo que, en cualquier caso, no está a merced de las circunstancias sino en las manos de Dios.

9 ¿Por qué Dios permite el dolor y el sufrimiento?

Que Dios podía haber creado un mundo en el que no hubiera cabida para el dolor y el sufrimiento es bien cierto. Sin embargo, lo creó de tal manera que, aunque todo era perfecto originalmente, podía dejar de serlo, dependiendo tal cosa de la voluntad del ser humano. Esa criatura, el ser humano, fue dotada con una voluntad buena, pero el hecho de que siguiera siendo buena dependía de su elección. Al elegir lo malo, corrompiendo su voluntad, vinieron todas las desastrosas consecuencias anunciadas de antemano por Dios. Por tanto, globalmente, el sufrimiento y el dolor son fruto del pecado. Podían haberse quedado así las cosas, porque Dios no estaba bajo deuda para intervenir. Sin embargo, quiso hacerlo y lo hizo de tal manera que por medio del dolor y el sufrimiento de alguien sin pecado, ¡Jesucristo, viniera nuestra salvación. Y así como el veneno mata, también el propio veneno sirve para fabricar el antídoto que cura su letal acción. Veneno y antídoto son ambos en esencia lo mismo, pero sus efectos son totalmente dispares. Un sufrimiento y dolor penal por causa del pecado y un sufrimiento y dolor salvador para librarnos del pecado, lo cual es el poste anunciador de que Dios creará un mundo nuevo, en el que no habrá cabida para el dolor ni el sufrimiento, estando las voluntades perfecta y libremente inclinadas hacia lo bueno para siempre.

Dibujos originales de Carla Flores

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