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Sexo es vida
Wenceslao Calvo (08-09-2010)
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Sexo es vida

Entre los anuncios publicitarios en la prensa que en los últimos años han sido más asiduos, ha destacado uno que ha venido apareciendo diariamente en primera página de los grandes periódicos españoles. Me imagino que un anuncio en portada, con un formato rectangular de nueve por seis centímetros, a color, con imagen y texto, debe costar mucho dinero. Aquí no se trata de los minúsculos anuncios que, a centenares, están insertados en las páginas interiores especialmente dedicadas para ello y que casi hace falta una lupa para poder leerlos.

El anuncio en cuestión se presenta como la solución a dos grandes problemas: la falta de erección y la eyaculación precoz. Solo se precisa acudir a la clínica especializada que está detrás de esta publicidad y el problema quedará resuelto. El mensaje que se destaca en la tipografía del anuncio, y que resume su filosofía, es la siguiente declaración: Sexo es vida.

Se trata de toda una declaración de principios, rotunda e inequívoca. Aquí no estamos ante aquella otra publicidad del ‘Probablemente Dios no existe…’, cuyo punto de partida era la inseguridad del mensaje contenida en la palabra ‘probablemente’. En este caso no es probable que el sexo sea vida, sino que es vida. Así de clara y terminante es la proclama. Nada de dudas ni de vacilaciones. Además se trata de una afirmación total, holista, como ahora se dice. No es simplemente que el sexo sea agradable o que sea beneficioso. No; eso es demasiado poco para los promotores del anuncio; el sexo es ni más ni menos que vida. ¿Quién dijo que vivíamos en la era del relativismo y que a estas alturas no había verdades absolutas, o que vivíamos en la era del post-modernismo, donde la verdad es la verdad subjetiva? Esta publicidad echa abajo todas esas teorías y tonterías, devolviéndonos a la realidad de que las verdades absolutas existen y de que su proclamación no está limitada al púlpito de un predicador.

Es evidente que para conocer la veracidad de una afirmación nunca hemos de dar por hecho lo que diga alguien que tiene intereses directos en la misma, ya que su parcialidad es evidente (dicho sea de paso esta es la gran prueba para creer con base sólida en la resurrección de Jesús, ya que sus primeros anunciadores no fueron sus seguidores, sino sus mismos enemigos1). Por este motivo si alguien vive del sexo y afirma que el sexo es vida, su pronunciamiento hay que examinarlo detenidamente.

Normalmente la apelación de toda publicidad va dirigida para acentuar ciertas necesidades o carencias que es preciso suplir, siendo la solución el remedio presentado. Ahora bien, no tiene sentido un remedio si no hay carencia o ésta no lo es en demasía. El remedio, para su existencia, depende de la carencia. Por eso es vital, si esa carencia no existe o su existencia es relativa, crearla o exagerarla, hasta el punto de hacer creer a la gente que no se puede vivir sin suplirla. Esta fue la estratagema de la primera publicidad que hubo en el mundo y sus resultados no le fueron nada mal a su promotor2. En ese sentido, los promotores del anuncio ya tienen el trabajo hecho, porque vivimos en una sociedad donde la necesidad de sexo está sobredimensionada, hasta el punto de que efectivamente parece que es lo que da propósito a la vida. En este panorama, pues, vienen los señores propietarios de esta clínica a decir a cualquiera, que tenga dificultades para conseguir este paraíso en la tierra, que ellos tienen la solución.

Hay un sentido en el que es verdadera la afirmación de que el sexo es vida, sobre todo si la persona es adicta al sexo. En ese caso, como su vida gira en torno a ello y toda su energía, pensamientos, tiempo e imaginación están sometidos a esa causa, su vida es el sexo y el sexo es su vida. Pero esta equivalencia sería igualmente válida para muchas otras esferas. Por ejemplo, hay un momento en la experiencia de todo drogadicto en el que es verdadero decir que la droga es (su) vida, porque esa vida se ha convertido en una proyección de la droga. O también es verdadero, en el caso de un alcohólico, decir que el alcohol es (su) vida, ya que esa vida depende de la botella. Soy consciente de que he cambiado ligeramente el sentido de la frase de los anunciantes, ya que lo que ellos tratan de comunicar con ella es que el sexo es (la buena) vida. Pero ni aun así es creíble su mensaje.

Hay personas que tienen que acudir a otras clínicas, distintas a las del anuncio, para desengancharse del sexo compulsivo en el que han quedado atrapadas, o tienen que someterse a terapias intensivas para tratar de recuperar su dominio propio que está cautivo, sintiendo que su dignidad como personas está envilecida y que la vergüenza, interna y externa, es el desastroso resultado de esa filosofía de vida. No hay más que preguntarle al jugador de golf Tiger Woods si el sexo es vida.

La promiscuidad sexual jamás puede ser sinónimo de vida. El desorden sexual nunca podrá ser equivalente a algo que se llame vida. Más bien es lo contrario. Ese tipo de sexo es la antesala de la muerte y la muerte misma3, en cualquiera de sus formas.

El sexo es solamente un ingrediente de la vida, no la vida misma. Y cuando ese ingrediente está en su lugar, el matrimonio, entonces se convierte en un canto al Dador de la vida y en un raudal de bendición para los esposos.

1 Mateo 28:11-15
2 Génesis 3:4-5
3 Proverbios 5:3-5

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