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Carta abierta al presidente del Gobierno
Wenceslao Calvo (10-02-2010)
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Carta abierta al presidente del Gobierno

Estimado Sr. Presidente del Gobierno de España, don José Luis Rodríguez Zapatero: Me atrevo a dirigirle estas líneas sabiendo por la difícil situación que está pasando, aunque a decir verdad no puedo hacerme cargo, en toda la plenitud, de su situación personal, ya que la responsabilidad que usted ostenta es mucho mayor que la mía, porque usted tiene que velar por más de 40 millones de personas y yo solamente por un número que no llega ni al centenar. Pero los dos tenemos en común que somos pastores. Sí, aunque suene raro usted también es pastor, lo mismo que yo. O al menos eso es lo que deduzco cuando leo la Biblia, ya que ese término tiene en ese libro por lo menos tres significados: el responsable de apacentar ovejas1, el responsable de dirigir los destinos de una nación2 y el responsable de cuidar y alimentar una congregación o iglesia3. Usted está en el segundo significado y yo en el tercero, pero ambos ostentamos tal nombre.

Pero además del nexo común del cargo que nos une, hay otra cosa que nos acerca y es que usted leyó, en su reciente visita a Washington, una cita del libro de Deuteronomio, lo que me hace suponer que se trata de un libro que tiene peso para usted, al igual que lo tiene para mí. Así pues, ya tengo dos motivos para dirigirme a usted en confianza: sintonía por la función que desempeñamos y sintonía por un libro que estimamos.

Me imagino que estará usted rodeado de expertos asesores en todos los difíciles campos que las tareas de gobierno implican, especialmente en el de la economía. Por eso no me extrañó que a principios de enero llamara usted a La Moncloa a tres hombres de prestigio, como son Felipe González, Jacques Delors y Pedro Solbes, para que le aconsejaran en esa materia. Toda experiencia es poca y toda sabiduría necesaria, ante la complicada coyuntura que atravesamos.

En esa necesidad de experiencia y sabiduría es donde me permito sugerirle que tal vez en el libro de Deuteronomio, que usted citó en el Desayuno de Oración en Washington, puedan hallarse soluciones a los gravísimos problemas que tiene entre manos. Para empezar, hay una frase que se repite varias veces en dicho libro y que, me parece, es lo que usted y todos queremos. La frase en cuestión es ‘para que te vaya bien’, estando hasta en seis ocasiones allí escrita. En la misma está resumida nuestra aspiración. ¿No es eso lo que queremos, que nos vaya bien? Creo que sí y no sólo en el terreno económico, sino también en todos los demás.

La primera vez que aparece, y posiblemente la que sirve para resumir el espíritu de las restantes, es cuando dice:

‘Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que el Señor es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro. Y guarda sus estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy, para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti y prolongues tus días sobre la tierra que el Señor tu Dios te da para siempre.’4

Hay tres puntos a resaltar en ese texto:

  1. El mandato de reconocer la existencia y soberanía de Dios, no solo en la esfera celestial, sino también en la terrenal.
  2. El mandato de poner por obra sus mandamientos, que están recogidos concretamente en el Decálogo.
  3. La promesa que los dos puntos anteriores llevan aparejada: para que te vaya bien.

En ese mismo libro de Deuteronomio, que para usted y para mí tiene importancia, hay una solemne advertencia cuando dice:

‘Pero acontecerá, si no oyeres la voz del Señor tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.’5

¿No ha pensado que tal vez el problema en el que estamos inmersos pueda tener su origen en que usted ha llevado al país en una dirección mucho más alejada de lo que ya estaba, en cuanto a algunos de los caminos que Deuteronomio nos muestra? Es verdad que a ese libro, como a usted, le preocupa la justicia social; pero la justicia social en ese libro no es sólo pagar un salario justo al obrero, sino también el respeto a la familia, que usted abiertamente ha transgredido, o la enseñanza de los padres hacia los hijos en una determinada dirección, que usted ha conculcado, o el respeto a la vida, que usted ha violado, o la constitución de la sexualidad del hombre y la mujer, que usted ha tergiversado. Todas esas facetas también pertenecen al campo de la justicia social, por lo menos desde la perspectiva de Deuteronomio.

Hay lenguas que poseen tres voces en sus conjugaciones verbales: activa, media y pasiva. La voz activa expresa que el sujeto realiza la acción del verbo, la voz pasiva expresa que el sujeto recibe la acción del verbo y la voz media expresa que el sujeto realiza y recibe la acción del verbo. Cuando conjugamos el verbo humillar, en primera persona en esas tres voces, tenemos que en la voz activa es yo humillo, en la voz activa es yo soy humillado y en la voz media es yo me humillo. Creo que aquí está la clave de todo. La mala noticia es que usted está siendo humillado (voz pasiva) en todos los sentidos, porque antes ha humillado (voz activa) principios fundamentales del libro de Deuteronomio. Pero la buena noticia es que hay solución. Y la tal solución se halla en la voz media, que se conjuga así: humillarse. Humíllese ante el Dios de Deuteronomio, quien es compasivo y misericordioso hacia aquellos que se vuelven a él.

Oro por usted y por el gobierno que preside, pues me consta que, como todos los demás gobiernos, no pueden por sí solos realizar una tarea que les supera, por lo cual están necesitados de la gracia de Dios. Una gracia que yo también necesito en mi tarea de pastor.

1 Génesis 4:2
2 Isaías 44:28
3 Efesios 4:11
4 Deuteronomio 4:39-40
5 Deuteronomio 28:15

Fotografía: Oficial de la Moncloa

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