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La otra anorexia
Wenceslao Calvo (16-07-2001)

La otra anorexia

Una de las enfermedades que se ha convertido en algo más que un problema sanitario es la anorexia. Es una enfermedad propia de países ricos, lo que pone en evidencia, una vez más, las profundas contradicciones de la sociedad occidental por las que una persona, estando inmersa en la abundancia, vive como si estuviera en la indigencia.

Según los especialistas, las causas de la anorexia son varias, y las características de un candidato a anoréxico serían las siguientes:

  • Búsqueda de una identidad personal; lo cual supone que personas inmaduras son más proclives a ella.
  • Miedo a asumir las responsabilidades propias de la vida adulta; deseo de permanecer en un estado aniñado, infantil.
  • Fijación en modelos erróneos como ideal a los cuales parecerse (la tiranía de la moda).
  • Percepción engañosa de la realidad, por la que el sujeto no se ve como en realidad es.

El medio mediante el cual se llega a este estado es una alimentación escasa que no cubre las necesidades básicas.

Los resultados son un estado de debilidad generalizada, propensión a todo tipo de enfermedades y, finalmente, la muerte.

No es fácil la recuperación de una persona anoréxica, aunque no es imposible. El tratamiento para ello requiere una serie de condiciones:

  • Recuperación de peso.
  • Cambio de mentalidad de la persona hacia sí misma.
  • Obtención de nuevos modelos en los cuales fijarse.

Pero además de este tipo de anorexia, hay otro, también en el Primer Mundo y que puede denominarse anorexia espiritual.

No es fácil la recuperación de un anoréxico espiritual, pero gracias a Dios no es imposible

Podríamos definirla como un estado de debilidad espiritual que se ha instalado de manera permanente en el creyente.

Es decir, la anorexia espiritual difiere de la caída ocasional; la primera es un estado, la segunda algo puntual. De ahí que sea infinitamente más difícil salir de la primera que levantarse de la segunda.

Las causas por las que se entra en ese lamentable estado son varias y paralelas a las de la anorexia física. Veámoslas:

  • Rechazo a asumir responsabilidades. Deseo de permanecer en un estado infantil en la vida cristiana. Mentalidad de ser servido en lugar de servir. Ley del mínimo esfuerzo. Este tipo de personas se convierten en parásitos espirituales que viven a costa de otros (Lot, el sobrino de Abraham, sería un caso así).
  • Fijación en modelos erróneos. Esos modelos equivocados pueden provenir del entorno en el que vivimos o del pasado del cual salimos. Respecto al entorno, una de las advertencias reiteradas al creyente en la Escritura es que tenga cuidado con ?tener envidia de los que hacen iniquidad? (Sal. 37:1; Prov. 23:17;24:1), lo cual indica que, en un momento dado, podemos ser tentados a andar como ellos andan, según sus patrones y mentalidad. Sabido es que, en ocasiones, al creyente le va en la vida como si fuera incrédulo y al incrédulo como si fuera creyente; de ahí la tentación a cambiar de manera de vivir. Respecto a mirar el pasado tenemos una gran lección en la carta a los Hebreos, carta que fue escrita a cristianos que estaban a punto de convertirse en anoréxicos espirituales porque estaban poniendo su mirada en las cosas del pasado: tierra, templo, sacerdocio, sacrificios, etc.
  • Percepción engañosa de uno mismo. La persona se está muriendo espiritualmente y no lo sabe; no sólo eso: está convencida de que todo va bien. La iglesia de Laodicea, iglesia paradigma de anorexia, se veía a sí misma como saludable y vigorosa, cuando en realidad su situación era desesperada (Ap. 3:17).

El medio por el que se entra en anorexia espiritual, como ocurre con la física, es una deficiente alimentación que no cubre las necesidades básicas de la persona. Nula vida devocional personal y escasa vida comunitaria.

Los resultados de todo ello son los siguientes:

  • Inapetencia por la cosas de Dios. Resulta una tarea ardua pasar un poco de tiempo en oración o estudio de la Palabra. Inasistencia a las actividades que no gustan demasiado.
  • Incapacidad para procesos de crecimiento y multiplicación. El anoréxico no puede tener hijos espirituales porque no tiene reservas ni para él mismo, mucho menos para engendrar y nutrir a otro. Y si los engendra serán abortos o deformes, pues el "útero" materno no era sitio sano y seguro.
  • Incapacidad para hacer frente a agresiones espirituales. Esas agresiones vienen en forma de pruebas, tentaciones, reveses, etc. y son parte normal de la vida cristiana. Pero para enfrentarlas y salir airoso de ellas hace falta vigor y energía, que es lo que el anoréxico no tiene. No se requieren grandes tentaciones ni pruebas, cualquier cosa lo derriba.
  • Propensión a ser blanco de problemas. Es lo que dice el refrán español: "Al perro flaco todo se le vuelven pulgas".
  • Muerte espiritual. No se puede vivir indefinidamente en un estado de debilidad semejante, sin que acontezca la muerte espiritual.

No es fácil la recuperación de un anoréxico espiritual, pero gracias a Dios no es imposible. Allá van algunas condiciones para su tratamiento:

  • Cambio de mentalidad. Esto tiene su palabra en la Biblia: arrepentimiento. Mientras esto no se produzca no habrá remedio, porque esto es el remedio, el único remedio. Arrepentimiento es caer en la cuenta del estado en el que se está, enfrentarse a ello y actuar en consecuencia. Y si no se tienen fuerzas para actuar, pedir ayuda. Mientras el anoréxico espiritual siga autoengañándose no saldrá del hoyo en el que ha caído.
  • Fijación en modelos apropiados. A los cristianos anoréxicos a los que escribe, el autor de la carta a los Hebreos les propone una lista de nombres en el capítulo 11: los héroes de la fe. Pero inmediatamente les propone el nombre sobre todo nombre en el cual deben poner sus ojos: Jesús, modelo perfecto. También Pablo exhorta a los de Colosas a poner su mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
  • Alimentación equilibrada. En la Palabra tenemos leche, pan y carne; es decir, nutrientes idóneos para cada etapa de crecimiento y desarrollo.

No es la voluntad de Dios que sus hijos vivan como indigentes espirituales, sino fuertes y vigorosos para crecer y multiplicarse. Que así sea.

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